Compartir:

Facebook
Twitter

Ana Corina Sosa, hija de María Corina Machado: «Me daría mucha tristeza, y sería una injusticia, si tuviera que recoger el Nobel por ella»

Alberto News – Caracas, 8 de Diciembre del 2025. Ana Corina Sosa Machado (Caracas, 1991) comparte con María Corina Machado el segundo nombre y apellido, la sonrisa, el carácter y el anhelo de una Venezuela democrática y libre. Mientras su madre lucha por su país, a Ana Corina no le queda más remedio que contagiarse de su serenidad y conformarse con tirarle besos a una pantalla. La líder opositora lleva 11 años y medio con prohibición de abandonar el país por parte del régimen chavista, más de 16 meses en la clandestinidad absoluta y casi dos años sin abrazar a sus hijos Ana Corina, Henrique y Santiago.

Esta joven venezolana emigró en 2012 a Estados Unidos. Allí se convirtió en ingeniera (como su progenitora) y ahora trabaja en una importante empresa de software en Nueva York. Hasta las Navidades de 2023, viajaba a Venezuela cada vez que podía, pero dejó de hacerlo cuando se intensificó la represión tras las elecciones primarias que ganó su madre. Reconoce que le encantaría ver a toda su familia reunida de nuevo esta semana, en Oslo, ya que el 10 diciembre María Corina Machado debería recibir en sus manos el Nobel de la Paz.

Como primogénita y única mujer entre los descendientes, Ana Corina ha asumido la representación de Machado fuera de las fronteras venezolanas en distintas ocasiones para llevar el mensaje de la libertad. Ella ha recogido, en nombre de su madre, reconocimientos como el Sajarov 2024, el premio Héroes de la Democracia 2025 y la Medalla de Oro de la Americas Society 2025. Se presume que, si su madre finalmente no puede asistir al acto del Nobel, sea su hija mayor quien lo haga. Pero Ana Corina ni si quiera se lo ha planteado, confía en que lo hará la propia homenajeada.

La operación Lanza del Sur orquestada por Trump, la represión de Maduro recrudecida contra el partido Vente Venezuela, la clandestinidad, su cita en Oslo… ¿Cómo está María Corina Machado a escasos días de recibir oficialmente el Nobel de la Paz 2025?

Mi mamá está bien. Obviamente los días que se acercan van a ser de mucho riesgo, aun con todo lo que implica un reconocimiento como éste para ella, para el país. Ella siempre ha sido una persona superserena. Está con mucha serenidad, mucha claridad y muy tranquila. Me contagia esa calma, pero cada vez que se acercan más y más las fechas, es difícil. Detrás del Nobel también está la historia de una familia separada que se va a ver por primera vez después de años. Entonces, dentro de todo, es el sentimiento de «la voy a ver pronto». Son días muy cargados de muchas emociones distintas.
Veo que usted tiene la esperanza de volver a abrazar a su madre en Noruega esta semana.
Sí. Sin duda que sí. Pero ¿quién sabe? Nosotros los venezolanos vivimos una vida tan imprevisible que cualquier cosa puede pasar. Un día en Venezuela es un año en cualquier otro país. Pero sí, tengo mucha esperanza de que nos vamos a ver. Mis hermanos también van a estar, mis primos, mis tías, las hermanas de mi mamá. Va a ser realmente como un reencuentro familiar… Mi abuela [Corina Parisca, de 84 años, madre de la Nobel] también va a estar, ella ya está en su trayectoria camino a Oslo. Mi abuela de salud está un poco más frágil y, desde que se enteró de que mi mamá ganó el premio, eso a ella le ha dado una inyección de energía, de tener esa meta de decir: «Voy a llegar a Oslo. Me voy a reencontrar con mi familia, voy a ver a mi hija». Lo hemos usado como una meta para que se mejore. Su movilidad es un poco complicada y ahora cada vez que la llamo, me dice: «Estoy haciendo terapia, me estoy moviendo». Ha sido superbonito.
En caso de que finalmente la galardonada no pueda asistir a Oslo el próximo 10 de diciembre, ¿será usted la encargada de recoger el premio en su nombre?

Ni siquiera me lo he planteado porque, como hija, yo siento que quiero que ella viva eso. No solamente porque egoístamente quiero verla, quiero sentir y abrazar a mi mamá, sino porque me daría mucha tristeza y sentiría mucha injusticia que, después de más de 20 años que ella tiene luchando por Venezuela, que estemos tan cerca del final y que ella no pueda presenciar eso alrededor de sus seres queridos, alrededor de su equipo que tanto ha sacrificado, y sentir que soy yo la deba tener ese papel, me partiría el corazón, de verdad. Me daría mucho dolor la injusticia que eso representaría. Ese escenario está en una parte de mi cerebro que no quiero tocar hasta el día de la ceremonia. Yo tengo mucha esperanza, y sé que ella va a estar ahí. Entonces, no me gusta ni planteármelo.
¿Dónde aguardan todos esos premios y reconocimientos que acumula Machado fuera de Venezuela?
Tú no sabes lo que esta pregunta le haría a mi mamá retorcerse [risas]. Con cada reconocimiento que se le da, ella dice: «Pero esto es de los venezolanos, pero ¿por qué yo si no se ha logrado la meta?«. Los reconocimientos los tenemos regados, porque hay momentos en que he tenido que ser yo la que la ha representado y ha habido otros momentos en que ha sido un miembro de su equipo u otros premios que se ha ganado con Edmundo [González Urrutia], nuestro presidente electo, y ha sido él el que se ha llevado el premio. Entonces, están un poco regados. Yo creo que hay algo bonito en que esté un pedazo de ese reconocimiento a Venezuela y a la lucha en cada rincón del mundo, pero ya es hora de llevarlos a casa.
En esas ocasiones en las que usted ha asumido el rol de representación de María Corina Machado en el exterior, ¿se lo ha pedido ella o ha sido por iniciativa propia?

A mi mamá le da una mezcla de culpabilidad y miedo que yo haya tomado este rol. Yo no soy política; para nada, todo lo contrario. No ha sido a lo que yo me he dedicado, pero hay que recordar que la mayoría, si no todos los miembros del equipo de mi mamá están bajo asedio, exiliados, en su momento una gran parte estuvo presa en la embajada argentina en Caracas, presos o desaparecidos en los centros de tortura del régimen. Entonces, yo sentía que tenía que hacerlo. Eso a mi mamá la asustaba porque decía: «Te estoy exponiendo». Y ella conoce mejor que nadie que es una causa trae muchos riesgos e implica mucho sacrificio. Hubo momentos en los que me dijo: «Ay, Ana, no, mejor no lo hagas». Y le dije: «Mamá, es mi decisión. Yo lo quiero hacer por ti, lo quiero hacer por mi país»… Mi mamá nos protegió toda nuestra vida [a los tres hermanos]. Nunca nos utilizó o nos puso frente a cámaras creciendo. Una cosa que se lo agradezco enormemente. Entonces, desde hace como cinco años, y mucho más intensificado en estos últimos dos, he dicho: «Lo quiero hacer por mí, porque quiero contar tu historia y, a través de tu historia, contar la historia de Venezuela«, porque yo sí he notado cómo, cuando los venezolanos contamos nuestra historia desde un lado personal y vulnerable, la gente escucha.
¿Cómo se siente usted al exponerse públicamente?
No me gusta ni repetir ni ver lo que digo o hago porque siento que lo hago terrible, me da vergüenza. Yo soy mi peor crítica, siempre siento que pudiera representar mejor a mi país. Pero me he sentido muy conmovida. A veces es una carga emocional pesada hablar de temas que son tan sensibles, tan crudos, tan reales: que sigo separada de mi mamá, que sigue escondida, que no sé cuándo la voy a ver, que nos tuvimos que ir al exilio. Obviamente hablar de eso para cualquier ser humano es pesado, pero la respuesta siempre es tan bonita que uno se siente: «Ok, por esto lo hago». He conocido a personas que me ven, se abren conmigo y me empiezan a contar sus historias personales, de su familia, de su separación con Venezuela, de los sueños que tienen de reconstruir Venezuela. Eso es un privilegio enorme y uno se llena de esa fuerza mutua que nos damos los venezolanos.

Por su edad, ha tenido la oportunidad de conversar con muchos jóvenes venezolanos alrededor del mundo, ¿qué representa María Corina Machado para ellos?
María Corina siempre se ha mantenido con un discurso firme y transparente sobre lo que ofrece a los venezolanos y al país: sencillamente trabajo honesto. De respetar nuestros derechos, de tener esa claridad de que la vida va a ser mejor y que nos merecemos vivir con integridad. Dice que nosotros somos dueños de nuestro propio fruto, de nuestro esfuerzo. ¡Es tan bonito oírla hablar de lo que va a ser Venezuela! No quiero que nos conozcan por la miseria, la corrupción, la oscuridad, el odio, la separación, o sea, este régimen desde hace 20 años nos ha robado la identidad… Cuando yo oigo a María Corina hablar de cómo reconstruir y redefinir lo que va a ser Venezuela, nuestra identidad y nuestra posición en el mundo, pues me llena de emoción. Yo quiero regresar, yo quiero reconstruir, quiero generar empleo y presumir de lo que es nuestro país. Yo creo que eso es lo que ella representa para los jóvenes: el futuro de las oportunidades, o por lo menos lo siento en mí.
¿Qué es lo que usted más admira de María Corina?
Su integridad, su manera de ver la vida. Ella siempre le ve el lado positivo a todo. Siempre eso la impulsó a lo largo de su vida. Y cómo ella ha llevado eso con tanta constancia y con un sentimiento de justicia, de claridad moral y de integridad. Es muy clara y siempre fue así con nosotros también, criándonos. Me han preguntado varias veces cómo es María Corina en público y cómo es ella como mamá en casa, y en serio es la misma persona. Ella siempre fue tan justa con nosotros, tan clara y siempre muy positiva. Cada vez que nosotros llegábamos con un problema a casa, ella siempre te hacía mirar las cosas del lado bueno, del lado de uno sentirse privilegiado.

¿Visualiza a su madre como la primera presidenta de Venezuela?
No lo sé. Puede ser, es posible. Pero yo creo que ella ya le ha dado tanto a nuestro país, que ya siento que ha marcado un momento que quedará para la historia. Puede que sea presidenta, o no, pero yo sé que ella va a formar parte de esa reconstrucción. No sé en qué papel, pero sé que ella ya está haciendo historia. Mi mamá siempre se ha mantenido superfirme, su mensaje nunca ha cambiado. Al principio es cierto que la llamaban extremista, loca, radical. ¿Cuántas cosas no le dijeron? La acusaron de traición a la patria, de terrorista, la agredieron físicamente. No ha sido fácil y la mayor parte de esta trayectoria ella ha estado muy sola. Muy sola, pero nunca se dio por vencida. Esa convicción siempre la mantuvo firme en ese camino y hoy por hoy sé que los venezolanos le reconocen eso: siempre habló con la verdad por más difícil y dura que fuera.
¿Qué mensaje les enviaría a los venezolanos que, como usted, están separados de sus padres y que están esperando que caiga la dictadura para retornar a Venezuela?
Les diría que estamos cerca, que sigamos con esa certeza, con esa determinación, con ese temple que nos caracteriza, que no importa cuántos golpes nos hemos dado, cuántas montañas rusas de sentir que ya lo vamos a lograr y que luego el régimen nos vuelve a dar un golpe. No importa, ha valido la pena esta lucha. Creo que lo sentimos en nuestra sangre, en nuestros corazones. Se volvió como el ave fénix: otra vez renació la esperanza. Nos daba mucho miedo, y me incluyo, volver a abrir esa herida y decir: «Ok, seremos vulnerables otra vez, nos permitiremos soñar con ese día en que vamos a volver». Yo sé lo que se siente, porque lo llevo viviendo más de 20 años, pero esta vez es distinta y esta vez lo vamos a lograr. Venezuela va a necesitarnos a todos y estaremos listos. Seremos todos estos años de separación, de tristeza, de dolor. No los olvidaremos porque quedarán marcados en nuestra historia para siempre, pero los recordaremos como algo que nos hizo más fuertes y, con ese dolor y esas enseñanzas, reconstruiremos un país mejor en el que más nunca nos tendremos que dejar. Les digo que espero, con mucha emoción, entusiasmo y ansias, esos días en los que no solamente nos reunamos todos otra vez en Venezuela, sino que empecemos a construir juntos.